Seguro que tú también has oído hablar del ADN innovador, de que los Homo Sapiens Sapiens llevamos en nuestro genoma todo el material necesario para ser innovadores. Sobre todo  cuando nos mesmerizamos ante todo lo que somos capaces de hacer, como aterrizar una sonda que enviamos hace 10 años  en un cometa que pasa a 50.000 kms/hora a 500 millones de kilometros de la tierra – yes we can. Oh yeah!

Y además hemos colonizados- y, by the way, esquilmado-  todos los ecosistemas de la tierra, y desarrollamos nanoestructuras, micgrochips y aeronaves supersónicas, y megalópolis,  y generamos belleza, y arte, y ahora hacemos StartUps como churros y… todo eso con un fantástico cerebro  con un neocortex lleno de circonvoluciones y neuronas, que se desarrollo como consecuencia del  bipedismo, y la oposición de los pulgares –bendita evolución!!- para el uso de herramientas. No  me extraña  que algunos se crean seres superiores.

Nuestro cerebro es increíble, si, pero está diseñado para ahorrar energía.  Un órgano que apenas pesa el 0,5% de nuestra masa total, y consume el 20% de la energía tiene  que optimizar su eficiencia, y lo hace repitiendo patrones de conducta ya probados. Nada como el aprendizaje repetitivo. Por eso vamos siempre por el mismo camino, y a menudo tomamos el café en el mismo sitio, y hasta los domingos tenemos la misma rutina. No es que  nos guste, no! Es que nos ahorra pensar. Nos ahorra sopesar pros y contras , calibrar riesgos y beneficios para tomar decisiones. Y además nos ahorra los riesgos de equivocarnos.

Porque nuestro cerebro ha evolucionado, como el resto de nuestro organismo, para sobrevivir y traspasar los genes a la siguiente generación (lectura muy recomendad “El Gen Egoista” de Richard Dawkins), y este instinto de autoprotección, que sí que viene desde los primeros Homo erectus que se aventuraron en la sabana, ha primado las opciones menos arriesgadas y mas conservadoras –las menos innovadoras–. Los temerarios, los que se animan a probar cosas nuevas –esos frutos de colores chillones-,  a adentrarse más allá de los limites conocidos de la cueva- donde vive la mama osa de la cavernas y sus oseznos- o de los lindes de la espesura, o a zambullirse en una corriente –sin saber nadar-, los innovadores, mas vanguardistas… mueren jóvenes, y asi evitan pasar sus genes “auto-destructivos”. Es la Otra cara del Darwinismo, la supervivencia del mejor adaptado al medio…conocido.

Por eso no es tan raro la resistencia al cambio, la aversión a lo nuevo, el “más vale conocido..” de nuestras sociedades, que se traduce en una resistencia recalcitrante a la innovación , a probar cosas nuevas, a arriesgar. Podemos racionalizarlo con argumentos sobre la exigencia  de resultados predecibles por parte de los accionistas, o el seguimiento al compliance de los auditores, y las políticas y procedimientos , y las buenas practicas consensuadas…pero son nuestros genes, la auto-protección y los mecanismos de ahorro de energía.  Y es coherente, que culturas emprendedoras e innovadoras, descienda de estipes de pioneros y exploradores que partieron , hace no tanto tiempo a la conquista de nuevas tierras.

Tal vez por eso, hemos vuelto a usar las nuevas  herramientas como lo hicimos hace 20,000 años, cuando no teníamos otras. ¿Usabilidad? ¿ergonomia?… pse! Pereza evolutiva. Y además ambas están hechas de  la misma materia prima: El Silicio.

Para pensar… pero no mucho que se nos fatiga el cerebro.